A la altura del Molino de Aixerrota se estrecha muy singularmente el tramo próximo al acantilado que desciende a la playa de Arrigunaga. Entre la acera, el carril bici y el tramo de tierra próximos a dicho desplome en la pared del acantilado, el espacio se reduce a unos pocos metros. La probabilidad de que alguna persona se despiste y pueda caer al vacío es muy grande, máxime si pensamos en algún niño/a menor de edad. Por otro lado, cada vez resulta más concurrido este paseo, incluso por personas foráneas y desconocedoras del lugar.
Considero fundamental instalar en este tramo una protección, bien un murete o una barandilla como la existente en la prolongación de este paseo a la altura del del Torreón y del Faro de la Galea.
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